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Previniendo la intoxicación por plaguicidas en EcuadorEl manejo integrado de plagas produce beneficios económicos y de salud para los productores de papasLos productores de papas de la provincia de Carchi, en el norte de Ecuador, sufren una serie de problemas de salud debido a su alta exposición a insecticidas químicos. Con financiamiento del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (IDRC) de Canadá y de otros donantes, investigadores y comunidades han encontrado formas de reducir el uso de plaguicidas y la exposición de las familias de los agricultores a estas sustancias, sin disminuir la producción. En un país donde la dieta nacional se basa en la papa, la provincia ecuatoriana de Carchi tiene una función muy importante. Ubicada en la zona norte de la fresca región montañosa de los Andes, esta provincia es responsable de 40% de la producción de papas de Ecuador, pese a que ocupa sólo 25% de la superficie del país. La productividad de Carchi se puede explicar en parte por la riqueza de la tierra negra de sus suelos de montaña. Pero muchos agricultores locales creen también que este alto rendimiento –muy por encima del promedio nacional– no sería posible sin la aplicación de altas concentraciones de plaguicidas químicos. Para los cerca de 8.000 agricultores comerciales de Carchi, los plaguicidas han sido a la vez una bendición y una maldición. Los plaguicidas sintéticos, introducidos a fines de la década de 1940 junto con los fertilizantes químicos, permitieron a los agricultores controlar una serie de plagas perniciosas como el gorgojo de los Andes y una serie de insectos que atacan el follaje. También se utilizan fungicidas industriales para controlar el tizón. Estos agregados químicos han desempeñado un papel fundamental en la historia del crecimiento económico de Carchi, ya que son los responsables del repunte inicial de productividad que permitió a los campesinos pasar de la agricultura de subsistencia a la producción comercial, elevando con eficacia los ingresos de las familias rurales. Naturalmente, los agricultores se resisten hoy a abandonar los productos sobre los que parece haberse edificado su sustento. Pero los beneficios económicos derivados del uso de plaguicidas han tenido un alto costo humano. El índice de intoxicación por plaguicidas de Carchi se encuentra entre los más altos del mundo. En la población rural, 4 cada 10.000 habitantes mueren cada año por el contacto con plaguicidas y también se registran 4 casos anuales de intoxicaciones por cada 10.000 habitantes. Mientras tanto, una encuesta reveló que 4 de cada 100 pobladores rurales sufren intoxicaciones por plaguicidas que no son comunicadas a las autoridades médicas. El Dr. Donald Cole, científico jefe del Instituto de Trabajo y Salud de Toronto y profesor agregado de la Facultad de Medicina de la Universidad de la misma ciudad, ha observado desde 1990 la situación subyacente en estas espeluznantes estadísticas, cuando comenzó a trabajar con otros colegas en Carchi. Ese año vio por primera vez a pequeños agricultores rociando sus tierras con un cóctel de productos químicos portado en endebles mochilas. “Se podía ver a los plaguicidas fugarse de las mochilas y correr por sus espaldas y piernas,” recuerda. Además, los plaguicidas eran comprados en polvo y debían ser mezclados en la casa, poniendo en riesgo a todos los integrantes de la familia. Los peligros para los trabajadores y sus familias se ven acrecentados porque la mayoría de los plaguicidas más comunes en Ecuador se consideran entre los más peligrosos del mundo. Carbofuran (para controlar el gorgojo andino) y metamidofos (para combatir las plagas de follaje) constituyen 47 % y 43 %, respectivamente, de todos los ingredientes principios activos de insecticidas aplicados en Carchi. Ambos productos químicos han sido clasificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como altamente tóxicos y su uso está restringido en los países del Norte debido a su gran toxicidad y fácil absorción. El contacto con estos plaguicidas está asociado trastornos genéticos y reproductivos, distintos tipos de cáncer, dermatitis y otros problemas cutáneos, así como trastornos neurológicos. En el caso de Carchi, los científicos suponen que el alto índice de suicidios puede estar relacionado también con las alteraciones al estado de ánimo causadas por el contacto con plaguicidas. Compromiso comunitario con el cambioNo obstante, los productores agrícolas siguieron utilizando estos plaguicidas, dice el Dr. Cole, porque se dieron cuenta de que "los plaguicidas más tóxicos son también los más baratos. Esta es la cruel compensación que se debe hacer". Las empresas agroquímicas, agrega, promocionan enérgicamente productos con rigurosas restricciones en el Norte. Todo ello subrayó la necesidad de manejar no sólo los aspectos científicos del problema sino también su dimensión económica y social, con el fin de que las familias rurales se sintieran directamente involucradas en los objetivos del proyecto de investigación. La investigación más sensata y científicamente seria hubiera resultado inútil si las personas que trabajan la tierra en Carchi no hubieran estado convencidas de que de esta manera mejorarían sus vidas y sus técnicas de cultivo. Por este motivo, el proyecto respaldado por el IDRC fue diseñado de una manera “transdisciplinaria”, que combinó métodos convencionales de recolección de información con un enfoque de investigación fuertemente participativo. El Dr. Cole comenzó a trabajar en el proyecto en 1998, uniéndose al director del proyecto, el Dr. Charles Crissman, y a su equipo del Centro Internacional de la Papa (CIP), junto con colegas de una serie de organizaciones nacionales e internacionales, incluidos el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) de Ecuador, el Programa para una Tecnología Adecuada en Salud (PATH Canada), la Universidad McMaster y la Universidad Agraria Wageningen de los Países Bajos. El proyecto recibió apoyo financiero del IDRC, el CIP, el INIAP, PATH Canada y la Universidad de Montana, de EEUU. Con el propósito de reducir la dependencia de los plaguicidas y sus efectos sobre la salud, el proyecto combinó los conocimientos prácticos del personal local de diferentes culturas profesionales (extensión agrícola, investigación participativa, movimientos feministas y servicios de salud). Estas culturas actúan desde perspectivas diferentes y emplean diferentes métodos. A veces estos enfoques entraban en conflicto, pero con mayor frecuencia demostraron ser complementarios, al ofrecer información sobre el problema de los plaguicidas desde perspectivas que los directores de proyecto definen como “económicas” (dirigidas a la productividad y sus resultados financieros), “instrumentales” (centradas en datos estrictamente científicos y estadísticos), e “interactivas” (enfatizan el papel de los propios integrantes de la comunidad para encontrar las soluciones). Diagnóstico y SolucionesEl proyecto se rigió por los principios de la investigación participativa: por ejemplo, que las personas que participaran en la investigación se presentaran por iniciativa propia. En este caso, hubo familias que se presentaron voluntariamente en los centros de formación agraria en que se ofrecían cursos. Pero cuando las familias abandonaban los cursos, ante el riesgo de que se desvirtuaran los resultados finales de la investigación, el proyecto tuvo la flexibilidad de adoptar técnicas de investigación "no participativas", yendo a buscar a esas familias y realizando entrevista más convencionales y unidireccionales. El Dr. Cole cree que la naturaleza participativa del proyecto fomentó un verdadero sentido de compromiso en las tres comunidades en donde se realizó la investigación y la labor educativa, a pesar de otras preocupaciones apremiantes que se disputaban la atención de los pobladores. “La gente de campo es gente ocupada,” dice. “Siempre tienen mucho que hacer y siempre hay muchas organizaciones no gubernamentales bien intencionadas tratando de instrumentar todo tipo de proyectos con ellos. Pero al mismo tiempo, aceptan de buen grado algo que los ayude en la producción agrícola y mejorar la salud, especialmente la de los niños.” El Dr. Cole recuerda, por ejemplo, la fascinación de los participantes cuando el personal del proyecto utilizó tinta fosforescente para mostrar cómo los residuos de los plaguicidas viajan a través de las personas y las casas, donde las condiciones sanitarias no son precisamente las adecuadas. “Cuando les mostramos las rutas de contacto y que uno trata de eliminar el producto lavándose, pero la sustancia permanece en todo el cuerpo y pasa a las botas, manos y caras de los niños realmente dimos en el blanco,” recuerda. 'Las enfermedades provocadas por los plaguicidas se asocian con debilidad. Existe el concepto de que un verdadero hombre tiene ser fuerte y no pueden afectar a fuerte.” La investigación demostró, sin embargo, que hombres y mujeres son igualmente susceptibles de intoxicación por plaguicidas, si bien los hombres tienen más posibilidades de contacto en el campo, mientras las mujeres y niños tienen contacto con los plaguicidas más a menudo en el hogar. El proyecto abrió de esta manera nuevos caminos para el liderazgo femenino, con mujeres asociadas a un proyecto agrícola por primera vez en las comunidades. Asimismo, las actividades del proyecto fueron diseñadas para concentrarse en los aportes económicos y las rutinas del trabajo diario tanto de hombres como de mujeres. Culturas en transiciónEn los centros de formación agraria, los productores experimentaron con una variedad de técnicas de manejo integrado de plagas (MIP), como la introducción de trampas para gorgojos, la adopción de diferentes cepas de papa resistentes al tizón, el uso de aplicaciones más puntuales de plaguicidas de menor toxicidad y un estudio de los campos antes del rociado. El efecto de este enfoque fue sorprendente. La cantidad de aplicaciones de plaguicidas se redujo de 12 (en parcelas convencionales) a 7 (en parcelas que utilizaban técnicas MIP). Más notable aún fue una reducción sustancial de la cantidad total de plaguicidas. La cantidad de principio activo usado como fungicida para el tizón se redujo en 50 %, mientras que las cantidades de insecticidas usadas para el gusano blanco o gorgojo de los Andes y las minadoras de hojas se redujeron en 75 % y 40 %, respectivamente. Los efectos económicos secundarios son considerables. Las tierras donde se aplicó el MIP produjeron igual o mayor cantidad de papas que las parcelas convencionales, pero los costos de producción fueron menores: bajaron de US$ 104 la tonelada (en parcelas convencionales) a US$ 80 dólares en las parcelas MIP. El Dr. Cole cree que detrás de este panorama económico más favorable existen dos factores. Uno es la mayor habilidad y la ampliación del repertorio de técnicas agrícolas adquiridas por los participantes en el centro de formación agraria. El otro factor es que los productores que utilizaron menos plaguicidas sufrieron menos efectos neurológicos, lo que llevó al equipo a concluir que la capacidad mental es un factor determinante de la eficacia con que los productores pueden trabajar la tierra. La investigación mostró un vínculo entre la condición neurológica de los productores y su productividad. Si bien los plaguicidas no han sido eliminados de estas tres comunidades de Carchi, ahora se utilizan en general con mayor cuidado. Asimismo, es un momento propicio a nivel político para reducir la dependencia de los plaguicidas. Por ejemplo, 105 actores sociales de toda la provincia –representantes del gobierno, de la industria, de organizaciones de desarrollo, de comunidades y medios de comunicación– se reunieron en octubre de 1999 para unas jornadas sobre plaguicidas y salud. Uno de los resultados de las jornadas fue una declaración que exigía, entre otras cosas, la prohibición de productos altamente tóxicos, la inclusión del MIP en la capacitación agrícola universitaria y una mayor divulgación de información sobre los efectos de los plaguicidas. También ha aumentado la preocupación internacional por el problema de los plaguicidas. Como consecuencia del éxito del proyecto, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) proporcionó más fondos para extender a cuatro provincias ecuatorianas (incluida Carchi) los métodos de capacitación en MIP introducidos por el equipo del proyecto. La enfermera del proyecto, por otra parte, fue contratada por una empresa agroquímica para dirigir la capacitación sobre salud y seguridad –información a los agricultores sobre las precauciones que se deben tomar al rociar con plaguicidas– y ha reunido una documentación informativa completa que devuelve a las comunidades el conocimiento obtenido a través del proyecto. En el caso concreto, uno de los logros más importantes del proyecto fue la reducción de la cantidad de intoxicaciones por plaguicidas que provocan importantes y debilitadores daños neurológicos entre los productores rurales.El Dr. Cole señala también un cambio cultural en las comunidades participantes. "Las cosas de algún modo han cambiado,” dice. “Las personas son más conscientes y sobre todo hay más debates entre los hombres y las mujeres de las comunidades --las mujeres quieren que los hombres se cuiden más y los hombres se dan cuenta de que deben cuidarse más. Muchos más de ellos están dispuestos a tener y utilizar equipos de protección personal. Bastantes personas está aplicando las técnicas de manejo integrado de plagas e intentando utilizar menos compuestos tóxicos.” Escrito por Stephen Dale, de la División de Comunicaciones del IDRC. Por mayor informaciónCharles Crissman Enfoques ecosistémicos en salud humana El Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo / International Development Research Centre (IDRC) es una corporación pública creada por el Parlamento de Canadá en 1970 para ayudar a los investigadores y comunidades del mundo en desarrollo a encontrar soluciones a sus problemas sociales, económicos y ambientales. El apoyo se orienta al desarrollo de una capacidad de investgiación local para sustentar políticas y tecnologías que los países en desarrollo necesitan para construir sociedades más saludables, equitativas y prósperas. Enfoques ecosistémicos en salud humanaLa salud y el bienestar humanos están intimamente vinculados a la salud de los ecosistemas que sustentan la vida. Pero el potencial de la mejora de la salud mediante una gestión más adecuada del medio ambiente local es un camino raramente explorado por la corriente principal de los programas de salud. A través de su Iniciativa de Programa sobre Enfoques Ecosistémicos en Salud Humana (Ecosalud), el IDRC se propone identificar la red de factores económicos, sociales y ambientales que influyen en la salud humana. Las comunidades pueden utilizar este conocimiento para mejorar el manejo de los ecosistemas y la salud, tanto de la gente como del medio ambiente. Abrir el archivo : Ecohealth_Casestudy_04_s.pdf Editorial : IDRC |
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